La marcha de Xabi Alonso en el verano de 2014 dejó a Sergio Ramos como único coordinador de las operaciones de defensa y salida del balón en el Real Madrid. Sin la precisión y el mando del vasco para cortar y dar el primer pase, el liderazgo en las acciones que determinan la estabilidad del equipo recayó en Ramos sin que a su alrededor apareciera un lugarteniente de igual peso. Su influencia fue tan profunda que cuando causó baja por lesión a principios de febrero de la última temporada el Madrid estuvo a punto de ser eliminado de la Champions por el Schalke en el Bernabéu (3-4), fue goleado en el Calderón (4-0), empató ante el Villarreal (1-1) y cayó en San Mamés (1-0). La secuencia equivalió a perder la Liga. Quizás por eso el regreso a San Mamés, este miércoles por la noche (Canal+ Partidazo, 21.00 horas), evoca en la plantilla un sentimiento de orfandad. Ramos, que no se ha recuperado de una luxación en el hombro, vuelve a estar de baja en una salida crítica.
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