La animosidad que el sábado mediodía burbujeaba en el casco viejo y la trascendencia que el duelo tenía para España invitaba a pensar en un estadio lleno. En las terrazas corría la sidra y algunos esforzados eslovacos trataban de escanciarla con poca maña. La ciudad, que recuperó el nervio futbolero con ese esfuerzo colectivo que salvó al Oviedo en 2012 y lo ha incrementado con el regreso a Segunda División, se había entregado en los entrenamientos previos. Hacía ocho años que España no se presentaba en el Carlos Tartiere. Sin embargo, a poco de empezar el encuentro, las calvas en las tribunas altas de los laterales y de un fondo fueron una sorpresa. Los precios, entre 20 y 55 euros, eran los habituales en los partidos de la selección.
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