Cuna del pavés y fábrica de clasicómanos, la tierra de Spa-Francorchamps y de una selección de fútbol emergente, en Bélgica llama ahora a la puerta el tenis. Sin grandes iconos históricos, más allá de Justine Henin y Kim Klijsters, el país celebra un éxito inesperado. Su equipo de la Copa Davis alcanzó el pasado domingo la final del torneo después de batir a Argentina en las semifinales y se jugará el cetro (del 27 al 29 de noviembre) frente a la Gran Bretaña de Andy Murray. Lo hará 111 años después de su última y única final, precisamente contra el mismo campeón de ese 1904.
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