En junio de 2008 el Celta culminó la Liga dos puntos sobre el descenso a Segunda División B. Esa misma semana había solicitado concurso de acreedores, una suspensión de pagos a la que llegó con una deuda de 69 millones de euros. Hoy no tiene números rojos, acaba de afrontar la compra de una nueva sede en el centro de Vigo, remodela su estadio y proyecta una ciudad deportiva. El equipo es cuarto en Primera División, a dos puntos del líder Barcelona, al que recibe esta tarde en Balaídos (20 horas, Canal+ Liga). En todo el proceso ha estado su presidente, Carlos Mouriño Atanes (Vigo, 1943), un empresario con una singular biografía a caballo entre Galicia y México, donde hizo fortuna con un imperio empresarial. Es el emigrante retornado que de niño soñaba ocupar la silla en la que se sienta. “Quería ser presidente más que jugador. Mi madre se lo comentaba a las amigas y esa inconsciencia de creerlo y escucharlo me convenció más, pero jamás pensé que pudiese ser real”, apunta.
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