André André, hijo de André, histórico jugador del Porto, recogió la antorcha de su padre y la engrandeció. Marcó el domingo el gol del triunfo en el clásico Porto-Benfica, algo que su padre nunca había logrado. Para ello corrió más de doce kilómetros, estuvo atrás, en medio y delante, tanto en labores destructivas como creativas. Una exhibición sorprendente, pues en el banquillo del Benfica estaba sentado Rui Vitória, su entrenador hasta el año pasado. Pese a ello André André fue imparable.
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