Lo ves en el borde de la piscina con esas piernecitas y esos brazos tan poco musculosos comparados con el prototipo de nadador y te preguntas cómo aguanta tantos kilómetros en el agua. “Cuanto más ligero, mejor me deslizo”, dice Gregorio Paltrinieri (Carpi, Italia, 20 años). El doble campeón europeo de 800 y 1.500, bronce en el Mundial de Barcelona en el 1.500, busca el oro en Kazán. Sentarse a charlar 45 minutos con él equivale a una sesión de risoterapia. Tiene una alegría contagiosa, se divierte haciendo las fotos y vacilando a sus compañeros. Quedan menos de dos meses para el Mundial cuando recibe a El País en el CAR de Sierra Nevada donde está concentrada Italia y lo que más le preocupa es conseguir billetes de avión baratos para ir a Berlín a ver a su Juve en la final de Champions.
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