No hace tanto tiempo, pero ya remite a un fútbol y a un modo de vida casi pretérito; están en el recuerdo sus grandes veladas, pero apenas son un languideciente presente. Los torneos de verano palidecen y no resulta complicado discernir las causas: pujanza de otras opciones en mercados emergentes o más poderosos, sobredosis de partidos al alcance de todos los públicos durante todo el año y creciente competencia de acontecimientos deportivos y eventos estivales. Más difícil resulta encontrar una salida para honrar la tradición y garantizar una continuidad cuando mengüan asistencia y nivel de los participantes y crece el déficit que se genera. Hoy se disputa en Riazor el decano de los trofeos, el Teresa Herrera, con Deportivo y Sporting Braga por único cartel. Ayer el Recreativo, ahora en Segunda B, cayó ante el Betis (1-2) en un estadio semivacío para dirimir el Trofeo Colombino, que a punto estuvo de no jugarse. El año pasado no hubo fechas ni rivales para el Santiago Bernabéu. Y en el Ramón de Carranza, que se escenifica el próximo fin de semana, el cartel es una vez más integramente nacional tal y como ocurrió en diez de las últimas quince ediciones.
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