A la Vuelta le explosionó el cohete antes de lanzarlo y le quemó las manos. Acostumbrada a sorpresas estéticas, a los fuegos artificiales, donde impera la luz y el sonido, a apuestas estruendosas en las salidas (plaza de toros, bateas, buques de la Armada), un ejercicio de momentáneo esplendor para lanzar la carrera, Marbella le rompió las manos con el estropicio que causa una puerta cuando te pilla los dedos.Duele solo de pensarlo. Marbella en agosto huele más a mar que a ciclismo (con perdón de Luis Ángel Maté o el fuguista López Gil, alias Malagueta), y a gasolina de coches intratables y motos interminables, y a bañador de diseño.
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