Lo vivido por el Eibar la temporada pasada daría para escribir tanto un libro deportivo con apuntes económicos como una fábula infantil que tendrían difícil acomodo en la estantería de cualquier librería. Su argumento cuenta además con elementos tan melodramáticos como la salida de su protagonista, Gaizka Garitano, apesadumbrado por no haber conseguido evitar el hundimiento de su equipo, y que renegó de ser recuperado para la causa cuando las goteras de uno de sus rivales le permitieron seguir a flote. Garitano dejó su puesto tras sumar una segunda vuelta pésima (dos victorias, dos empates y 15 derrotas) y dilapidar lo conseguido en la primera parte del campeonato (27 puntos repartidos en siete victorias, seis empates y seis derrotas), en una debacle que llevó al equipo armero a descender deportivamente en su primera temporada en la máxima categoría.
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