El futbolista moderno se encorseta normalmente en un discurso monótono y previsible, estrictamente abonado a lo políticamente correcto. No es el caso de Gerard Piqué (Barcelona, 28 años), criado en una familia bien de Cataluña, resultón e inteligente; futbolista del Barça. “He tenido ciertas oportunidades en la vida que no todo el mundo tiene, es evidente”, asume el defensa azulgrana. No le teme al escaparate y, aunque puede pecar de desfachatez, con asiduidad se expone cuando dice lo que piensa. Inmerso, quizás, en una especie de círculo vicioso.
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