Aseguran quienes buscan motivos para explicar la salida de Zubizarreta en enero pasado como secretario técnico del Barça que su relación con Messi se había deteriorado desde que no renovó a Pinto. El mando del 10 en el vestuario se aprecia en detalles aparentemente tan imperceptibles como el del portero suplente, un papel que el gaditano, amigo del argentino, cumplía sin ninguna queja en tiempos de Víctor Valdés, un guardameta, por otra parte, tan rotundo en el marco como puñetero por sus manías y gustos, sobre todo en cuanto a a sus preparadores y competencia en el arco del Camp Nou.
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