dimanche 23 août 2015

Carrillo y el equipo López

Como bien se sabe, en el fútbol acaban de porteros los que no le saben dar a la pelota, pero tienen tales ganas de estar en el equipo que hacen lo que haga falta para ser útiles. En el atletismo, donde también hay clases y soberbias, ocurre algo parecido: quien ni corre ni salta ni lanza al menos que marche. Algo así cuenta Miguel Ángel López de sus inicios como marchador, a los 11 años. “Estaba en el club y era bastante malo en todo, pero un día el marchador se puso enfermo y yo, con tal de estar con el equipo dije que no me importaría hacer a mí la marcha. Se me dio bien, Se vio así, por casualidad, que valía, y ahí seguí”, dice el campeón del mundo, quien pocos años más tarde, ya de cadete, fue captado por José Antonio Carrillo, quien ya en Cieza, a media hora de Murcia capital, había convertido en figura a Juanma Molina. “Y si no fuera por él seguramente no estaría aquí, habría acabado en otro sitio. Todo se lo debo a él, a su sabiduría, a su bagaje y a su experiencia con Molina, que me han hecho ser mejor”.

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