El agua de la piscina del Mundial es el depósito natural de las secreciones de las células calciformes arrojadas con la potencia propia de personas que se han pasado la vida ejercitando el volumen espiratorio máximo. Los mocos, en forma de filamentos blanquecinos, circulan entre aguas durante un rato antes de ser eliminados por un gran filtro. Los nadadores están acostumbrados. Piensan que el cloro liquida todas las bacterias. Ya confesó Ryan Lochte en Londres que había meado en la piscina y muchos de sus colegas refrendaron esta práctica, e incluso la festejaron. Hasta los más fieros atletas han sido niños una vez; y ya se sabe que los niños son los habitantes menos higiénicos de las piscinas.
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