Todo es extraordinario en el Sporting de Gijón, que subió a Primera tras perder apenas dos partidos en toda la campaña y pese a los rigores de una sanción que le impedía reforzarse, que lo logró con un gol del Lugo al Girona en el último minuto festejado a mil kilómetros de distancia, en el Benito Villamarín sevillano. Todo deriva hacia la proeza en el club asturiano, abocado por pasados impagos a nuevas restricciones para poder armar un equipo que compita en Primera División, pendiente de manejarse en el alambre de un descenso administrativo que esquivó al conseguir abrir líneas de crédito a partir del maná televisivo que le proporciona su regreso a la élite.
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