Ráfagas de más de 65 km/h inundaban el recorrido del Old Course, hasta el punto de que las banderas de los hoyos se combaban. En la zona de prácticas, los jugadores colgaban vídeos en las redes sociales de como la pelota rodaba por el césped sin necesidad de tocarla. No había forma de jugar, de proseguir con la vuelta del viernes, suspendida a última hora por falta de luz. “Juego suspendido debido al fuerte viento”, se podía leer en los marcadores de Saint Andrews. Por lo que el Open Británico, por segunda vez en sus 155 años de historia, acabará el lunes.
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