Sabía Garbiñe Muguruza que para batir (7-6, 1-6 y 6-2) a la alemana Angelique Kerber, 10 del mundo, una adversaria que suele buscarle las vueltas (3-2 a su favor en duelos directos), tenía que hacer un ejercicio interpretativo muy serio. Medir, calibrar, no pegar por pegar. Por eso, aunque parezca mentira por los 57 golpes ganadores y las 56 subidas a la red que firmó (31 de ellas con éxito), la hispano-venezolana jugó con el freno de mano puesto: “¿56? Es que hubiera subido 200 veces”.
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