Ayer, a Caroline Wozniacki (Odense, Dinamarca; 24 años) le salió el día torcido. Mientras la aguja de la iglesia de St. Mary's vigilaba desde las alturas todo lo que se cocía en Wimbledon, ella se batía con Garbiñe Muguruza en la pista 2 del complejo más distingiudo del tenis. Pero ayer, a la nórdica no le salía una y por eso refunfuñaba constantemente, cabreada consigo mismo y con la juez de silla. Al final, doble 6-4 a favor de la hispano-venezolana y la danesa, cinco del mundo, de vuelta a casa.
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