Cosas de la genética, por eso de que su padre nació en Eibar y en tierras vascas casi todo gira alrededor de una mesa y el mantel, Garbiñe Muguruza ha desarrollado el instinto por la cocina y un buen paladar. Eso sí, para ella, golosa a más no poder, nada como la repostería. Antes de finiquitar a la danesa Caroline Wozniacki (doble 6-4 tras una hora y 33 minutos de partido) y convertirse en la primera española que pone el pie en los cuartos de final de Wimbledon desde que lo consiguiera Conchita Martínez, en 2001, quiso obsequiar a su equipo con uno de sus postres antes de ver El silencio de los corderos.
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