Quería Garbiñe Muguruza, a sus 21 años, dar un golpe sobre la mesa en París y avalar esas voces que dicen que, desde que irrumpiera en el profesionalismo hace tres años, está llamada a hacer algo importante. Quería lanzar un aquí estoy yo, no lo olviden, pero se dio de bruces con una roca llamada Lucie Safarova. Checa, 13 del mundo, con aspecto de Señorita Rottenmeier y la inercia de un rodillo. Un día antes había liquidado a la reina Maria Sharapova y este martes se encargó (7-6 y 6-3) de Muguruza, valiente y bravísima, pero adiós al sueño de Garbiñe. Otra vez. La maldita barrera de los cuartos, como hace un año.
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