No hay domingo de Reyes en Inglaterra. Hay domingo de Copa. Él torneo más viejo del fútbol reservó un duelo especialmente trascendental en su tercera ronda. Nada menos que un Liverpool-Everton en Anfield. Ocasión de regocijo y devoción para los scousers agrupados en torno a las dos confesiones paganas de la ciudad, en un derbi con aire ritual que presidieron los notables Jürgen Klopp y Carlo Ancelotti. Se impuso el alemán gracias a los cambios inertes del italiano y, sobre todo, gracias a la aparición deslumbrante del flaco Curtis Jones. Sustituto de Sadio Mané, en su segundo partido oficial con el primer equipo, el extremo de 18 años hizo el 1-0. No cualquier gol sino el gol definitivo. El punto final que a lo largo de la noche recorrería todos los recovecos de Twitter, los highlights de YouTube y los telediarios del Reino Unido.
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