Cuando Ainhoa Hernández se marchó a la concentración con España, sus compañeras y su entrenador en el Zuazo se despidieron hasta dentro de un mes, al terminar el Mundial de Japón. "Bueno, igual volvemos antes", respondió ella, temiéndose una mala actuación y un regreso prematuro. Un miedo que ha estado muy lejos de cumplirse. Se reencontrarán, efectivamente, al cabo de un mes y quién sabe si con un metal en el pecho. La selección disputa este viernes (12.30, Teledeporte; Rusia y Holanda juegan el otro duelo a las 9.30) la semifinal contra Noruega y parte de este logro imprevisto se lo debe a esta pivote de Barakaldo, de 1,80m y 25 años, determinante en el renacer de las Guerreras.
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