"Felicidades, te lo mereces". Cuando Modric recibió su Balón de Oro fue un día feliz para el fútbol, porque se recompensaba el talento, pero también la profesionalidad de un jugador apasionado que se exprime físicamente en cada partido, que nunca olvida que al juego lo anima un espíritu colectivo y al que emociona ver cómo hace del fútbol una cuestión ética. En esta ocasión, Modric no estuvo entre los 30 mejores del año, pero cuando le entregó el Balón de Oro a Messi fue otro día feliz para el fútbol, porque despejó el acto de toda tentación demagógica: le bastó una frase para convertir a un enemigo futbolístico en un admirable colega, llevando al escenario la discreción, la sencillez y la grandeza con la que juega. Si todos entendiéramos este deporte con el alma limpia de Modric, el fútbol sería una escuela de convivencia. Y los clásicos no habría que aplazarlos.
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