El Granada vivía momentos de incertidumbre. Hace cinco jornadas llegó a ser líder. Desde entonces, acumuló cuatro derrotas y un empate. A los de Diego Martínez se les empinó el calendario, pero no cambiaron esencialmente su estilo y su pasión por el juego. El partido ante el Alavés fue considerado clave por el entrenador y sus jugadores. El equipo respondió con un triunfo convincente, asentado en un magnífico inicio en el segundo tiempo, cuando en cinco minutos inclinó a su favor un choque que se jugó con mucha aspereza con anterioridad. Con el marcador a favor, el Granada es intocable. No hay quien le tosa ni le remonte con Martínez en su banquillo. Todo cambió después de una buena acción colectiva, llena de precisión y talento. Un cambio de juego de Herrera, un desdoblamiento y un centro tenso de Víctor Díaz al que puso la guinda Carlos Fernández con un valiente remate. El toque del lateral recordó al del mejor Míchel en el Madrid de finales de los ochenta. Carlos Fernández irrumpió en el área pequeña para rematar de cabeza de forma impecable.
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