“¡Messi, qué malo eres!”, grita un aficionado del Atleti. No sé qué ha pasado sobre el terreno de juego porque cuando uno visita el Metropolitano por primera vez debe tomarse unos minutos en admirar su magnificencia. La reacción de sus compañeros en la grada no se hace esperar. “Cállate, no lo cabrees”, dice uno. “Ojalá Correa con la pierna mala de su abuela”, explota otro. Ríen todos, incluido el instigador del rifirrafe dialéctico que, por si acaso, añade algo más sin dejar que el argentino vuelva a entrar en juego: “Dejadme disfrutar mientras puedo, hostia”. De nuevo se echan a reír mientras el resto del estadio, que para entonces parece estar ya a otra cosa, se incendia porque Griezmann ha vuelto a contactar con la pelota.
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