El volumen de vehículos que ocupaban este lunes la calzada principal y las calles aledañas a la madrileña Caja Mágica daban buena medida del tamaño de un evento que removerá durante siete días el corazón de un barrio, el de San Fermín, que observaba el trajín con inesperada normalidad. Revitalizado el arrabal desde la apertura de este macrocomplejo deportivo en 2009, los vecinos de Usera se escondían del frío como un día más de noviembre detrás de los cristales de las pequeñas cafeterías que adornan un barrio de espíritu obrero. Las cortinillas de los ultramarinos se removían por el viento de los paseantes que mapa o móvil en mano seguían las indicaciones hacia un destino rodeado de seguridad, pero que no registraba mayores complicaciones en su acceso a las instalaciones.
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