Siya Kolisi tiene tal premura por citarse con la historia que cuando acelera hacia el podio pierde de vista a Handré Pollard. El capitán, encargado de recibir a sus huestes, se gira y recibe el visto bueno del sonriente apertura. Minutos después, recibe en sus manos la copa Webb Ellis y la levanta al infinito. Reza y señala varias veces al cielo, recordando quizás a su madre, a la que perdió durante una infancia terrible. El rugby sudafricano, repudiado durante el Apartheid, plasma el poder transformador que vio en él Nelson Mandela. Un negro sosteniendo la gloria del deporte que durante décadas fue cortijo de una minoría blanca.
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