Con la exigencia de enterrar los borrones de los empates y el juego desplegado en Noruega y Suecia, España resolvió el trámite de Malta certificando la superioridad que se le suponía. Ganó fácil y con holgura. Lo que se le pedía. Bonello no se llevó la docena de goles que se llevó su progenitor en aquella histórica noche de diciembre de 1983, pero podía haberlos rondado con algo más de tino de los delanteros españoles.
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