El Betis de Rubi y sus siete vidas es así. Tal y como ocurrió ante el Celta, un gol de Canales en la última jugada del partido dio tres puntos de oro al equipo andaluz, que vive en el alambre, y acabó con un Valencia que siempre dio la impresión de estar más pendiente del Chelsea que de su rival liguero. El triunfo fue justo porque el Betis siempre quiso más, superando el tanto inicial de Maxi Gómez, sometiendo a un Valencia soso y como desenlace de un partido trepidante. El Betis fue mejor y dentro de sus posibilidades hizo un gran partido, aunque también pudo perder porque el Valencia, incluso con sus defectos, tiene mucha pegada. Se demostró en el tramo final, con el choque convertido en un fantástico ida y vuelta. Fekir envió al larguero en el minuto 84 y siete minutos después lo hizo el coreano Kang-In. Los dos equipos buscaron el triunfo y lo encontró el Betis en un gran lanzamiento de falta de Canales. Gayà, demasiado impulsivo, hizo una falta evitable sobre Emerson en el lateral del área. Canales le pegó con el alma y Cillessen, quizás mal colocado, no llegó. La pelota entró por la escuadra y el Villamarín estalló de alegría. Ganó el Betis, sobrevive Rubi y las aguas bajan más tranquilas por el sevillano barrio de Heliópolis. El Valencia, que llegó con muchas bajas, tendrá que aferrarse a su final europea y, al mismo tiempo, ser consciente de que la dureza de LaLiga no admite el más mínimo despiste.
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