Dice el refranero popular que a buen entendedor pocas palabras bastan. También cuentan desde la ciudad deportiva del Barça que este vestuario acepta con los brazos abiertos a quien le mejora y a quien no, se lleva un gesto torcido. Entre esas dos ideas se encuentran Messi y Griezmann -“Leo no habla mucho y yo tampoco…”, resolvió el francés en la previa del encuentro-, de momento mudos de palabra aunque expresivos con los pies. Suficiente, sobre todo por la suma del tercer elemento a la ecuación (Suárez), para tumbar a un Inter que enseñó lo que es un equipo con mayúsculas, todos a una. Y de eso, aunque puedan con cualquier rival, en la delantera azulgrana se sabe poco.
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