A Messi no le gusta demasiado mirar sus partidos, ni se recrea mucho con las imágenes de sus goles a excepción seguramente del que marcó en la final de la Champions en el Estadio Olímpico de Roma en 2009, cuando en su vuelo, después de cabecear la pelota, se le cayó la bota de su pierna derecha mientras dejaba boquiabierto a Van der Saar, el portero del Manchester United, el equipo entonces de Cristiano Ronaldo.
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