Lo repiten los médicos que cuidan de los mejores deportistas y lo hacen cada vez con más énfasis. El cuerpo no se resiente sin que la mente sufra un desequilibrio previo. Hay lesiones que constatan el malestar de un futbolista y hay lesiones que confirman el derrumbe de un equipo entero. Algo de eso ocurrió cuando Hugo Lloris se partió el brazo en el minuto 8 del partido que enfrentó este sábado al Tottenham con el Brighton. Fue la señal definitiva. El Tottenham se ha hundido.
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