Mientras las redes sociales se llenan con los irónicos lamentos de aficionados escoceses en Japón, su selección busca el resquicio para sortear los efectos del supertifón Hagibis y que su partido con Japón se decida en el césped. Cualquier césped, porque su seleccionador, Gregor Townsend, dejó claro que le vale un campo de entrenamiento: “Solo necesitamos jugadores y árbitros”. Ni siquiera cámaras de televisión o espectadores. Tras la suspensión el jueves del Inglaterra-Francia y del Italia-Nueva Zelanda, los primeros que se cancelan en la historia del Mundial de rugby, los escoceses exigen un plan de contingencia si el paso del tifón por la zona de Tokio no permite la disputa del encuentro del domingo ante los anfitriones en Yokohama. Y, aseguran, tomarán acciones legales si caen eliminados en los despachos.
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