Pocos jugadores han vivido más señalados por su hinchada que Dani Parejo, durante años marcado con el sello de la frivolidad, sin más pruebas que el vídeo de una fiesta. Pocos jugadores han hecho más por desmentir los prejuicios de Mestalla. Con la pelota en los pies y con servicios que exceden las competencias de un futbolista. Cuando el pasado verano Peter Lim, el dueño del Valencia, amenazó sucesivamente con despedir al entrenador, al goleador y al director general, desencadenó un descontrol interno que el equipo solo pudo superar gracias al liderazgo del hombre que, a la postre, demostró ser el más maduro en la institución.
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