La semifinal del Mundial de 1995 entre Inglaterra y Nueva Zelanda sirvió de vanguardia al rugby actual. Convirtió a su gran protagonista, Jonah Lomu, en el primer millonario de este deporte cuando, meses después, abrazó el salto al profesionalismo. Erigió al oval en un producto de mercadotecnia planetario. Y agrandó la hazaña de Sudáfrica en la final de su Mundial por tumbar a los All Blacks; más allá de su hito social, dejó sin premio al mejor equipo que se quedaría sin levantar la copa Webb Ellis. Este sábado, ambas selecciones vuelven a cruzarse en la penúltima fase del torneo de un deporte que no se entiende en el presente sin aquellos 80 minutos en Ciudad del Cabo.
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