Por la Avenida de Madrid desembocaban los 30.000 de Anoeta, desencajados por una derrota inesperada, en una tarde triste con lluvia otoñal y las hojas de los árboles del paseo desparramadas por las aceras. Nadie se creyó, después de una primera parte deliciosa de la Real, que el Getafe de las dos caras se llevaría los tres puntos que parecían asegurados en el descanso.
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