Salta Barshim, el hijo del país, y las gradas se hacen tablero de ajedrez, blanco y negro, túnicas de los hombres de Doha con sus kuffiyasen la cabeza y, al 50% negro de mujeres con hiyab, y en la curva de la altura, hasta pierden la seriedad y gritan con los brincos del atleta qatarí de nivel mundial, entusiasmados como si estuvieran viendo carreras de camellos o de 4x4s en las dunas.
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