A José Ludwig Rubio, dominicano, sus padres le pusieron Ludwig por Beethoven, y, si su objetivo era que al niño se le diera bien la música, fallaron estrepitosamente. “No toco ni la flauta”, dice quien, sin embargo, bien podría ser considerado un gran compositor de proezas deportivas, como la que estrenó su pupila Salwa Eid Naser casi caída la medianoche del jueves en el Khalifa Stadium de Doha.
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