Hace frío en Lerma, donde su equipo, el Movistar, descansa, y la Vuelta, y Nairo habla con la voz cogida, y lamenta el resfriado que cogió en Andorra esperando el funicular después del granizo, y allí acabó su Vuelta, no la de su compañero Valverde, pletórico y delgadísimo, una muestra más del espíritu juvenil que dice que aún anima al verdadero y gran héroe de esta Vuelta, la de los eslovenos y Superman, que hoy afrontan la 17ª etapa (219 kilómetros entre Aranda de Duero y Guadalajara).
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