El paddock entero de la Fórmula 1 empieza a pensar mal de Ferrari, enchufada como está la escudería desde el regreso de las vacaciones por más que lo haga colgada de Charles Leclerc, su diamante en bruto y el chico de moda del Mundial. Es un chaval de 21 añitos que, él solito, ha sido capaz de reanimar a una institución como la de Il Cavallino Rampante, atenazada desde la primera carrera por haberse marcado unas expectativas que nunca llegaron a cumplirse.
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