Pasaron los tiempos donde la selección española podía estar a cargo de periodistas, como el bilbaíno José María Mateos en los años 20, o antiguos árbitros, casos de Ramón Melcón y Pedro Escartín en la década de los 50, representantes de una época en la que pocos entrenadores obtenían la condición de sumos sacerdotes del fútbol. Las últimas décadas han prestigiado de tal manera la función del entrenador que se han establecido una serie de clichés desmentidos con frecuencia por la realidad. El caso de Robert Moreno, nuevo seleccionador español, es ilustrativo.
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