Podría Daniil Medvedev (Moscú, 23 años) ser perfectamente el protagonista de una de esas novelas con ladrones de guante blanco. No pestañea el joven ruso y transmite la sensación de vivir jugando permanentemente una partida de póquer. Juega sigiloso y su figura longuilínea y enclenque le concede un aspecto frágil que en realidad es como un trampantojo: detrás de la delgadez y la cara de no haber roto un plato hay una fiera camuflada con el arbusto.
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