Hace apenas tres años, el Tacón jugaba en un estadio alquilado, a veces debía compartir el campo de entrenamiento con otros equipos, no disponía de gimnasio propio y las jugadoras tenían que lavarse ellas mismas la ropa. Las incomodidades típicas de un club de la Segunda División del fútbol femenino español, un mundo que malvivía entre el olvido y la indiferencia. Hoy, sin embargo, está a punto de integrarse en la estructura de un gigante como el Real Madrid, se ejercita en el solarium de Valdebebas y se estrena este sábado (18.00) en la Primera Iberdrola en el Estadi Johan Cruyff contra el Barcelona. El caso de esta entidad, creada hace justo un lustro, ayuda a explicar la explosión de un deporte que ha pasado en muy poco tiempo de no cobrar por la retransmisión de los partidos a negociar los derechos televisivos.
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