En ese ejercicio de orfebrería en el que transitan el Real Madrid y Zinedine Zidane tratando de componer un nuevo estilo de juego a partir de una plantilla parecida a la de la última temporada, derrotas como la encajada ante el PSG (3-0) no hacen más que evidenciar lo quimérico de una obra que continúa dando muestras de su incapacidad de reinvención. Tras cinco partidos oficiales, el Madrid reincide en los mismos males que en el mismo periodo de la temporada pasada, y empeora en aquellos que se antojaban imprescindibles para la deseada recomposición. “Tenemos que mejorar, y vamos a mejorar”, replica el técnico ante un diagnóstico que aboca a un resultado final cuyas recientes consecuencias son bien conocidas en las entrañas del club.
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