Íñigo Guerrero, un aragonés que exporta productos de la tierra al mercado japonés, estaba acostumbrado a escuchar la misma reacción cada vez que se presentaba para vender vinos de Calatayud o espárragos de Navarra: “¿España? ¡Flamenco!”. Pero desde hace un tiempo ha notado un cambio. Ahora cuando viaja a ferias y descubre su origen, el empresario escucha sorprendido como sus clientes hablan del Real Zaragoza, de su delantero Shinji Kagawa y de la Recopa de Europa que adorna sus vitrinas. Ha aprendido que antes de cerrar un trato es casi imposible que no entre en la conversación el apellido español más célebre en la otra punta del mundo: Iniesta.
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