jeudi 5 septembre 2019

Beso, verdad o atrevimiento

Nadie nos explica que, a lo largo de nuestra vida, estamos condenados a ver el fútbol con dos miradas muy distintas, casi antagónicas. De pequeños percibimos a los futbolistas como adultos hechos y derechos pero a partir de una cierta edad -que resulta imposible de determinar, pues cada uno madura al ritmo que quiere o le dejan- comenzamos a tratarlos como a niños o, lo que es peor, como adolescentes, con todo lo que esto conlleva. Existe un punto de ruptura evidente que podría situarse en ese momento en el que, como simples aficionados, a nuestros ídolos ya no les exigimos que marquen goles, se partan el pecho por el equipo o vuelen hacia la escuadra; simplemente nos conformamos con que no nos cuenten que los deberes se los comió el perro o que el profesor -puede ser un árbitro, un entrenador, un periodista- les tiene manía. Y es ese un instante dramático, casi funesto para nuestra condición de hinchas, porque perdemos gran parte de la inocencia y frescura necesarias para seguir el día a día de este apasionante circo sin llegar a perder la paciencia y, por qué no ir un poco más lejos, la cabeza.

Seguir leyendo.



source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/30XD3Sq

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire