Cuenta el periodista Luis Pousa, en una fantástica columna publicada esta misma semana en La Voz de Galicia, que "Ney" sigue siendo uno de los nombres más recurrentes entre los chuchos gallegos, una costumbre bautismal que se incrusta 200 años en el tiempo, hasta julio de 1809. Los ejércitos napoleónicos, comandados por el mariscal Michel Ney, eran derrotados en la batalla de Ponte Sampaio, a orillas del río Verdugo, en Pontevedra, y su frustración la pagaron un buen puñado de aldeas que el militar francés y sus hombres se fueron encontrando a su paso mientras se batían en retirada camino de Lugo. “La Galicia popular decidió entonces vengarse”; explica Pousa, “poniéndole su nombre al perro de la casa”. Alguno hizo tanta fortuna que incluso se ganó una estatua conmemorativa en una conocida plaza de A Coruña.
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