Alaphilippe salta como un tapón de champán en Champagne y en la cuesta de Mutigny dibuja el momento más ciclista del Tour; Alaphilippe ataca desesperado porque pierde el maillot amarillo en una cuesta de tierra blanca de la que sus ruedas levantan un polvo blanco que tiñe las fotografías de antigüedad. Y todos suspiran. La prolongación terrosa de la Planche des Belles Filles no costó mucho trabajo imaginarla; descubrir la cuesta de Mutigny, sí. Requirió una herramienta del futuro.
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