Once años después de la mítica final de 2008, mi sobrino Rafael y Roger Federer volvieron a enfrentarse en el mismo escenario. Ambos llegaron a la semifinal con números parecidos, dando ambos la sensación de haber accedido a la penúltima ronda en un gran estado de forma. Al igual que su último encuentro en Wimbledon, Rafael, a mi modo de ver, partía como ligero favorito. Si en aquella ocasión fue el quien se hizo con la victoria, esta vez fue Roger el que salió como justo ganador.
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