Al menos seis stewards, los mismos que le rodeaban a media mañana mientras abandonaba la zona de calentamiento y enfocaba con mirada caníbal a Sam Querrey, derribado unas horas después, harían falta para reducir al hercúleo Rafael Nadal que compite estos días en Londres. “¡Bravo, Rafa!”, le animaba una elegante señora en aquella escena de la matinal. Y bravo, bravísimo otra vez, estuvo luego el español durante el choque con el cañonero estadounidense, al que apeó (7-5, 6-2 y 6-2, en 2h 07m) con un cursillo intensivo de temple, resto y reacción.
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