El director de Roland Garros, el exjugador Guy Forget, comparecía a media tarde con resignación y cara de circunstancias. “Usted dirige el torneo desde hace un par de años, así que debe ser usted el culpable…”, le planteó en tono de broma un periodista. “Sí…”, respondió el mandamás francés, relajando el gesto acto seguido y suspirando, después de un día de perros para el torneo porque en París caían aguaceros y, en consecuencia, llegaron las cancelaciones. Un año más. La lluvia obligó a la suspensión de la jornada y por lo tanto el programa tuvo que ser modificado, condicionando la recta final de esta edición.
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